El olivo, un árbol venerado

El olivo y el aceite siempre han estado unidos a los mitos y las religiones más antiguas que surgieron en torno al mar Mediterráneo. La mitología clásica considera que fue la diosa Atenea, protectora de la ciudad de Atenas, la que introdujo el olivo en el Ática. Cuando el dios Poseidón regaló a los habitantes de esta región un lago sagrado en la Acrópolis con la intención de disputarle la soberanía de la ciudad de Atenas, la diosa reaccionó haciendo brotar un olivo.

La decisión de los dioses le fue favorable porque el olivo vivía centenares de años y daba frutos comestibles de los que se obtenía un aceite maravilloso que tenía múltiples utilidades. Además, servía como alimento de gran valor nutritivo, se utilizaba para el cuidado del cuerpo, curaba las heridas y las enfermedades, y era fuente de luz en muchas viviendas y templos. El olivo ha sido el árbol más venerado por los pueblos del Mediterráneo, siempre estuvo vinculado a las ceremonias religiosas y fue imprescindible en el culto a los dioses y a los muertos.

Con ramas de olivo se coronaban los vencedores de las competiciones deportivas y de las guerras, y fue símbolo de la paz, la fama y la riqueza.

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